PREG. ¿Qué queréis decir? ¿En qué se opone esto a su felicidad?

TEÓS. Es muy sencillo. Os pondré un ejemplo. Muere una madre, dejando abandonadas a sus criaturas huérfanas, a quienes adora, y quizás también a un esposo querido. Decimos que su “Espíritu” o Ego, esa individualidad penetrada por completo durante todo el período devachánico, por los más nobles sentimientos que su última personalidad tuvo, es decir, amor hacia sus hijos, compasión por los que sufren, etc., decimos que está entonces enteramente separado de este “valle de lágrimas”; que su felicidad futura consiste en la bendita ignorancia de todas las miserias que ha dejado detrás de sí. Los espiritistas sostienen, por el contrario, que se dan cuenta de ellas tanto o más que antes, porque los “espíritus ven más que los mortales”.
Nosotros sostenemos que la dicha en el estado devachánico consiste en la completa convicción de no haber abandonado nunca la Tierra y de que no existe la muerte; que la conciencia post mortem espiritual de la madre la hará sentir y ver que vive rodeada de sus hijos y de todos aquellos a quienes amó; que no faltará un solo detalle que pueda turbar en su estado desencarnado la felicidad más perfecta y absoluta. Niegan este punto rotundamente los espiritistas.

Según su doctrina, el desgraciado ser humano ni aun con la muerte se libra de las penas de esta vida. Ni una gota sola del cáliz de amargura y tormentos de la vida escapará a sus labios; y nolens volens, puesto que ahora todo lo ve, ha de apurarlo hasta el fin. Así es que la amante esposa, que durante su vida estaba dispuesta a evitar a su marido las penas, al precio de la sangre de su propio corazón, se halla condenada a ver su desesperación sin poder en modo alguno remediarlo, y a darse cuenta de cada ardiente lágrima que derrama por su pérdida. Peor aún: puede observar que las lágrimas se secan demasiado pronto, y ver junto al padre de sus hijos otra cara querida; ver, a otra mujer en su lugar, reemplazándola en su cariño; condenada a oír a sus hijos, huérfanos, dar el santo nombre de “madre” a una mujer que no siente por ellos más que indiferencia, y contemplar cómo los desatiende, si es que no los maltrata. ¡Según esta doctrina, “la tranquila y dulce ascensión a la vida inmortal” se convierte, sin transición alguna, en un nuevo sendero de sufrimientos mentales! ¡Y, sin embargo, las columnas del Banner of Light, el antiguo órgano de los espiritistas norteamericanos, están llenas de comunicaciones y avisos procedentes de los muertos, los “queridos ausentes”, que escriben para manifestarnos lo muy FELICES que todos son! ¿ Es compatible con la felicidad ese conocimiento de lo que sucede en la Tierra? La felicidad, en tal caso, es igual al castigo más terrible; y la condenación ortodoxa sería un consuelo en comparación.

PREG. ¿Cómo resolvéis este punto con vuestra teoría? ¿Cómo podéis conciliar la teoría de la omnisciencia del alma con su ignorancia acerca de lo que pasa sobre la tierra?

TEÓS. Porque tal es la ley del amor y de la compasión. Durante cada período devachánico, el Ego, omnisciente per se, se reviste, por decirlo así, del reflejo de la personalidad pasada. Acabo de deciros que la florescencia ideal de todo lo abstracto, y, por lo tanto, de todas las cualidades y atributos imperecederos y eternos, como el amor y la misericordia, el amor al bien, a la verdad y a lo bello, que se albergaron en el corazón de la “personalidad” viviente, se adhieren al Ego después de la muerte, y, por consiguiente, le siguen al Devachán. Durante ese tiempo el Ego se convierte en el reflejo ideal del ser humano que existió últimamente en la tierra, y éste no es omnisciente. Si lo fuese, no estaría en el estado que llamamos Devachán.

PREG. ¿Cuáles son vuestras razones para opinar así?

TEÓS. Si queréis una contestación basada estrictamente en nuestra filosofía, os diré, en tal caso, que esto es así porque, fuera de la verdad eterna, ye no tiene ni forma, ni color, ni límites, todo es ilusión (Maya). Aquel que se ha colocado fuera del velo de Maya (como sucede con los Adeptos e Iniciados más elevados) no puede tener Devachán. En cuanto al común de los mortales, su bienaventuranza es completa en el Devachán. Es un olvido absoluto de todo cuanto les causara dolor o pena en su encarnación última, y hasta un olvido del hecho mismo de que existan semejantes sufrimientos. La entidad devachánica vive, durante su ciclo intermedio entre dos encarnaciones, rodeada por todo aquello a que aspiró y deseó en vano, en compañía de todos los que amó en la Tierra. Ha alcanzado la realización de todas las aspiraciones de su alma, y así vive durante largos siglos de una existencia de dicha sin mezcla, que es el premio de sus sufrimientos en la vida terrestre. En una palabra, se baña en un mar de continua felicidad, intercalada tan sólo por sucesos de un grado de felicidad mayor aún.

PREG. ¡Esto es más aún que una ilusión; es una existencia de alucinaciones insanas!

TEÓS. Puede que sea así, desde vuestro punto de vista, pero no desde el de la filosofía. Aparte de esto, ¿no está toda nuestra vida terrestre llena de tales ilusiones? ¿No habéis encontrado nunca hombres y mujeres que viven durante años en un paraíso fantástico? ¿Si averiguaseis que el marido de una mujer por ella adorado, y que se creyese igualmente amada, es infiel a la misma, os atreveríais a desgarrar su corazón y echar por tierra sus doradas ilusiones revelándole la verdad? No lo creo. Repito que ese olvido y alucinación del Devachán, si tal nombre les dais, no son más que una ley misericordiosa de la Naturaleza y estricta justicia. De todos modos, es una perspectiva mucho más halagüeña que la ortodoxa, con su arpa dorada y su par de alas. Creer que “el alma viviente asciende con frecuencia a la celestial Jerusalén, recorriendo familiarmente sus calles, visitando a los patriarcas y profetas, saludando a los apóstoles y admirando al ejército de mártires”, podrá parecer a algunos más piadoso.

Sin embargo, es una alucinación de un carácter mucho más ilusorio, porque las madres quieren a sus hijos con amor inmortal, según todos lo sabemos, mientras que los personajes mencionados en la “celestial Jerusalén” son de una naturaleza más dudosa. Pero, sin embargo, mejor aceptaría lo de la “nueva Jerusalén”, con sus calles empedradas a estilo de escaparate de un joyero, que el consuelo de la doctrina despiadada de los espiritistas. Su idea de que las almas intelectuales conscientes de nuestro propio padre, madre, hija o hermano encuentran su felicidad en un “País de estío” (Summer land), que describen (algo más natural, pero exactamente tan ridícula como la “Nueva Jerusalén”), bastaría para hacer perder a uno todo respeto hacía sus “ausentes”. Creer que un espíritu puro puede ser feliz mientras se ve condenado a presenciar los pecados, los errores, la traición y, sobre todo, los sufrimientos de aquellos de quienes está separado por la muerte, y a quienes más quiere, sin poder prestarles auxilio, sería un pensamiento capaz de volvernos locos.

PREG. Algo de verdad encierra vuestro argumento. Confieso que no lo había considerado nunca desde este punto de vista.

TEÓS. Así es; y se necesita ser profundamente egoísta y privado en absoluto del sentido de la justicia retributiva para imaginarse cosa semejante. En el Devachán estamos con los que hemos perdido cuando nos hallábamos en forma material, y mucho, mucho más cerca de ellos, entonces, que cuando estaban vivos. Y esto no es tan sólo una ilusión de la entidad devachánica, como podrán creer algunos, sino una realidad. Porque el puro amor divino no es sólo la flor de un corazón humano, sino que tiene sus raíces en la eternidad. El santo amor espiritual es eterno, y tarde o temprano hace Karma que todos los que se amaron con ese afecto espiritual encarnen una vez más en el mismo grupo de familia. Repetimos que el amor de ultratumba, por más que lo tachéis de ilusorio, tiene un poder mágico y divino, que reacciona sobre los vivos. El amor que el Ego de una madre siente por los hijos imaginarios que ve cerca de sí (al vivir en una felicidad que es tan real para él como cuando se encontraba en la tierra), este amor siempre lo sentirán sus hijos durante su vida. Se manifestará en sueños, y a menudo en diversos acontecimientos, como en protecciones providenciales, porque el amor es un escudo poderoso y no está limitado por el espacio ni el tiempo. Lo que acabamos de decir respecto de esa “madre” devachánica puede aplicarse a las demás relaciones y afectos, excepto los puramente egoístas o materiales. La analogía os sugerirá lo demás.

PREG. ¿No admitís entonces en ningún caso la posibilidad de comunicación de los vivos con el espíritu desencarnado?

TEÓS. Sí; existen dos excepciones a la regla. Tiene lugar la primera excepción, durante los primeros días inmediatamente después de la muerte de una persona, y antes de que entre el Ego en el estado devachánico. En cuanto a que mortal alguno haya obtenido mucho beneficio del regreso del espíritu al plano objetivo, ésa es otra cuestión. Quizá haya ocurrido así en algunos raros casos excepcionales, cuando la intensidad del deseo del moribundo por algún objeto determinado haya forzado a la conciencia superior a permanecer despierta, y por lo tanto fue la individualidad, el “espíritu”, lo que se comunicó. Después de la muerte, el espíritu está ofuscado, deslumbrado, y muy pronto cae en lo que llamamos la “inconsciencia predevachánica”. La segunda excepción corresponde a los Nirmânakâyas.

PREG. ¿Quiénes son éstos? ¿Qué significado tiene ese nombre para vosotros?

TEÓS. Es el nombre dado a aquellos que, si bien han ganado el derecho al Nirvana y al reposo cíclico40, han renunciado, por compasión a la humanidad y a los que dejaron en la Tierra, al estado Nirvánico. Semejantes Adeptos, Santos, o como queráis llamarlos, considerando como un acto de egoísmo el reposo en la bienaventuranza, mientras que la humanidad gime bajo el peso de los sufrimientos y de la miseria producidos por la ignorancia, renuncian al Nirvana y resuelven permanecer invisibles en espíritu, en esta tierra. Los Nirmânakâyas carecen de cuerpo material, puesto que lo han abandonado; pero, por lo demás, continúan en la posesión de todos sus principios, hasta en la vida astral de nuestra esfera. Ellos pueden comunicarse y se comunican con unos cuantos elegidos, aunque no seguramente con los médiums ordinarios.

PREG. Os hice la pregunta acerca de los Nirmânakâyas porque he leído en algunas obras alemanas y otras que éste era el nombre dado en las doctrinas buddhistas del Norte a las apariencias terrestres o cuerpos de que se revisten los Buddhas.

TEÓS. Así es; sólo que los orientalistas han confundido ese cuerpo “terrestre”, concibiéndolo como objetivo y físico, en vez de puramente astral y subjetivo.

PREG. ¿Y qué bien pueden hacer en la Tierra los Nirmânakâyas?

TEÓS. No mucho, respecto a los individuos, puesto que no tienen el derecho de intervenir en el Karma, y sólo pueden aconsejar e inspirar a los mortales, para el bien general. Sin embargo, hacen mayor número de acciones benéficas de lo que os imagináis.

PREG. Jamás aceptaría esto la ciencia, ni siquiera la psicología moderna. Para ellas, ninguna porción de nuestra inteligencia puede sobrevivir al cerebro físico. ¿Qué podéis contestar a esto?

TEÓS. No me tomaría ni siquiera el trabajo de contestar, pero diré, sencillamente, con las palabras atribuidas a “M. A. Oxon”: La inteligencia se perpetúa después que el cuerpo ha muerto. Porque no es sólo una cuestión de cerebro… Por lo que ya sabemos, se puede sostener con razón la indestructibilidad del espíritu humano”41.

PREG. Pero “M. A. Oxon” es espiritista.

TEÓS. Precisamente, y el único verdadero espiritista que conozco, aunque podamos disentir de él en muchas cuestiones de menor importancia. Aparte de esto, ningún espiritista se acerca más que él a las verdades ocultas. Habla constantemente, como lo haría cualquiera de nosotros, “de los peligros exteriores que amenazan al profanador de lo oculto, ignorante y poco preparado, que penetra en su dominio sin calcular el riesgo “42. Nuestra desavenencia estriba únicamente en la cuestión de la identidad del espíritu”. Exceptuando este punto, por mi parte estoy de acuerdo con él, casi por completo, y acepto las tres proposiciones contenidas en su discurso de julio de 1884 más bien este eminente espiritista está en desacuerdo con nosotros, que nosotros con él.

PREG. ¿Cuáles son esas proposiciones?

TEÓS. 1ª Que existe una vida que coincide con la vida física del cuerpo y que es independiente de ésta.

2ª Que, como corolario preciso, esa vida se extiende más allá de los límites de la vida del cuerpo. (Nosotros decimos que se extiende a través de Devachán).
3ª Que existe comunicación entre los que viven en aquel estado de existencia y los habitantes del mundo en que vivimos ahora.

Todo depende, como veis, de los aspectos secundarios de estas proposiciones fundamentales. Estriba tan sólo en el modo de considerar el Espíritu y el Alma, o la Individualidad y la Personalidad. Los espiritistas confunden a ambas en “una sola”; nosotros las separamos, y decimos que, aparte de las excepciones ya enumeradas, no volverá espíritu alguno a visitar la Tierra, aunque sí puede hacerlo el alma animal. Pero volvamos a nuestro presente asunto principal, o sean los skandhas.

PREG. Empiezo ahora a entenderlo mejor. Es la esencia de los skandhas más elevados la que, adhiriéndose al Ego que se encarna, sobrevive y es agregada a la masa de sus experiencias angélicas; mientras que los atributos relacionados con los skandhas materiales, con objetos o motivos egoístas y personales, son los que desaparecen del campo de acción entre dos encarnaciones, para reaparecer en la encarnación subsiguiente, como resultados kármicos que han de ser expiados; y, por consiguiente, el espíritu no abandonará el Devachán. ¿No es esto?

TEÓS. Casi enteramente. Si a ello añadís que la ley de retribución o Karma, que recompensa en el Devachán a los seres más elevados y espirituales, jamás deja de premiarlos de nuevo en la Tierra, dotándolos de un desarrollo más completo, y proporcionando al Ego un cuerpo en armonía con él, entonces tendréis la verdad exacta.

40 No al Devachán, pues éste es una ilusión de nuestra conciencia, un sueño feliz; y los que son dignos del
Nirvana han perdido necesariamente todo deseo, o posibilidad de deseo, de las ilusiones del mundo.
41 Pág. 69 de Spirit Identity.
42 “Cosa que sé del Espiritismo, y otras que no sé.”



DEL DESTINO DE LOS “PRINCIPIOS” INFERIORES


PREG. Habéis hablado del Kâma–loka. ¿Qué es?

TEÓS. Cuando muere el hombre, sus tres principios inferiores lo abandonan para siempre; es decir: el cuerpo, la vida y el vehículo de esta última, el cuerpo astral o doble del hombre viviente.
Entonces sus otros cuatro principios –el principio central o medio (el alma animal o Kâma–Rûpa), con lo que se ha asimilado del Manas inferior, y la Tríada superior, se encuentran en Kâma–loka. Ésta es una localidad astral, el limbus de la teología escolástica, el Hades de los antiguos y, estrictamente hablando, una localidad sólo en un sentido relativo. No tiene área definida, ni tampoco límite, pero existe dentro del espacio subjetivo, es decir, fuera del alcance de nuestras percepciones sensoriales.
Existe, sin embargo; y allí es donde los eidolons astrales de todos cuantos seres han vivido, inclusive los animales esperan su segunda muerte. Viene esta última, para los animales, con la desintegración y la completa desaparición de sus partículas astrales. Principia para el eidolon humano, cuando la Tríada Atma–Buddhi–Manásica “se separa” de sus principios inferiores, o sea del reflejo de la personalidad que fue, al entrar en el estado devachánico.

PREG. ¿Y qué sucede después?

TEÓS. Entonces el fantasma kama–rúpico, privado de su principio pensador, y el Manas superior, del aspecto inferior de este último, no recibiendo ya la inteligencia animal luz alguna de la mente superior, y sin cerebro físico para poder obrar, desaparece.

PREG. ¿De que modo?

TEÓS. Cae en un estado semejante al de una rana cuando el vivisector la priva de ciertas partes de su cerebro. Ya no puede pensar, ni aun en el plano animal más inferior.
No es ni siquiera el Manas inferior, puesto que este “inferior” no es nada sin el “superior”.

PREG. ¿Es esta no entidad la que vemos materializarse con los médiums, en las sesiones espiritistas?

TEÓS. Precisamente. Es una no entidad verdadera sólo respecto de las facultades que raciocinan y reflexionan; pero todavía es una entidad, si bien astral y fluídica, como ha sido demostrado en algunos casos en que atraída magnética e inconscientemente hacia un médium, revive por algún tiempo y vive en él por procuración, por decirlo así. Este “fantasma” o Kâma–Rûpa puede compararse con el pez jalea, que tiene una apariencia gelatinosa etérea mientras está en su propio elemento, el agua (el Aura específica del médium); pero que apenas sale de la misma, se disuelve en la mano o en la arena, especialmente al sol. El Kâma–Rûpa vive en el aura del médium una especie de vida ficticia; y razona y habla, bien por el cerebro del médium, bien por los de las otras personas presentes. Pero esto nos llevaría demasiado lejos, entrando en terreno ajeno, que no deseo violar. Ciñámonos a nuestro asunto: la reencarnación.

PREG. ¿Qué sucede con esta última? ¿Cuánto tiempo permanece en el estado devachánico el Ego que se encarna?

TEÓS. Según nos enseñan, esto depende del grado de espiritualidad y del mérito o demérito de la última encarnación. El tiempo medio es de diez a quince siglos, como, ya os dije.

PREG. Pero ¿por qué no ha de poder este Ego manifestarse y comunicar con los mortales, como sostienen los espiritistas? ¿Hay alguna razón que se oponga a que una madre se comunique con los hijos que en la Tierra dejó, un marido con su mujer, y así sucesivamente? Confieso que es una creencia en alto grado consoladora, y no me extraña que los que la profesan se resistan tenazmente a abandonarla.

TEÓS. Ni tampoco los obliga a ello nadie, a no ser que prefieran la verdad a la ficción, por “consoladora” que ésta sea. Nuestras doctrinas podrán disgustar a los espiritistas; pero, sin embargo, nada de lo que creemos y enseñamos es, ni con mucho, tan cruel y egoísta como lo que ellos predican.

PREG. No lo entiendo. ¿A qué llamáis egoísta?

TEÓS. A su doctrina del regreso de los espíritus, las verdaderas “personalidades”, según afirman; y os diré por qué. Si el Devachán –llamado “paraíso” si queréis, “lugar de bienaventuranza y felicidad supremas”– es tal lugar de felicidad (mejor dicho estado), la lógica nos dice que no cabe en él el menor sufrimiento, ni la sombra de una pena siquiera. “Dios enjugará todas las lágrimas de los ojos de aquellos que estén en el Paraíso”, leemos en el libro de las promesas. Y si los “espíritus de los muertos” pueden volver y contemplar todo lo que está pasando sobre la Tierra, y especialmente en sus hogares, ¿qué especie de bienaventuranza es la que los espera?



PREG. Os oí decir que el Ego, cualquiera que haya sido la vida de la persona en la que se encarnó, jamás está sujeto a castigo alguno, post mortem.

TEÓS. Nunca, salvo en casos muy raros y excepcionales, de los que no hablaremos aquí, ya que la naturaleza del “castigo” en nada se relaciona con ninguno de vuestros conceptos teológicos acerca de la condenación.

PREG. Pero si es castigado en esta vida por las malas acciones cometidas en una vida previa, entonces a este Ego también debiera recompensárselo, sea aquí, o después de desencarnado.

TEÓS. Y así sucede. Si no admitimos castigo alguno fuera de esta tierra, es porque el único estado que conoce el Yo Espiritual en la vida futura es el de la felicidad sin mezcla.

PREG. ¿Qué queréis decir con esto?

TEÓS. Simplemente lo que sigue: No pueden los crímenes y pecados cometidos en un plano de objetividad y en un mundo de materia recibir castigo alguno en un mundo de subjetividad pura. No creemos en infierno o paraíso como localidades; en ningún fuego objetivo del infierno ni en gusanos que nunca mueren, ni en alguna Jerusalén con calles empedradas de zafiros y diamantes. Creemos en un estado post mortem o condición mental parecida a aquella en que nos encontramos durante un lúcido sueño. Creemos en una ley inmutable de Amor, Justicia y Misericordia absolutos creyendo en esto, decimos: “Sea cual fuere el pecado, y por horribles que sean los resultados de la trasgresión Kármica original de los Egos en la carne”38, ningún hombre (la forma exterior material y periódica de la Entidad Espiritual) puede ser tenido por responsable de las consecuencias de su nacimiento.

Él no pide nacer, ni elige a los padres que han de darle la vida. En todos conceptos es víctima de lo que lo rodea; es hijo de las circunstancias, sobre las que no tiene acción ni poder, y si se investigase imparcialmente cada una de sus transgresiones, se vería que sobre diez casos, nueve veces ha sido él el ofendido en vez del ofensor o pecador. La vida es a lo sumo un fuego cruel, un mar borrascoso que hay que cruzar, y a veces un peso muy difícil de soportar. Los más profundos filósofos han tratado en vano de penetrar y descubrir su razón de ser, y todos han fracasado en su empresa, excepto aquellos que poseían la clave para conseguirlo, a saber, los Sabios Orientales. Según la describe Shakespeare, la vida es:

“Sola una sombra errante, un mal actor
que se pavonea y desgañita cuando entra en escena,
y del cual no se oye hablar más; es un cuento
narrado estentórea y furiosamente por un idiota,
que nada significa…”

Nada es en sus partes separadas; pero es, sin embargo, una cosa de la mayor importancia en su colectividad o series de vidas. Da todos modos, casi todas las vidas individuales son, en su completo desarrollo, un sufrimiento. ¿Y habríamos de creer que el hombre desgraciado y desamparado, batido por las enfurecidas olas de la vida, si no las puede resistir y se ve arrastrado por ellas, ha de ser castigado con una condenación eterna o una pena pasajera siquiera? Jamás. Grande o vulgar pecador, bueno o malo, culpable o inocente, una vez libre del peso de la vida, el Manu (“Ego pensante”), exhausto y consumido, ha adquirido el derecho a un período de bienaventuranza y reposo absolutos. La misma Ley infalible, sabia y justa, más bien que misericordiosa, que inflige al Ego en la carne el castigo kármico por cada pecado cometido durante la vida anterior en la Tierra, ha preparado para la entidad ahora desencarnada un largo periodo de descanso mental, es decir, el olvido completo de todos los acontecimientos desgraciados y hasta de los pensamientos dolorosos más insignificantes, por los que tuvo que pasar en su última vida como personalidad, dejando en la memoria del alma sólo la reminiscencia, de lo que era la dicha o lo que conducía a la felicidad. Plotino, que dijo que nuestro cuerpo era el verdadero río Leteo, porque “las almas que en él se sumergen todo lo olvidan”, aludía a algo más de lo que dijo. Porque así como nuestro cuerpo terrestre se asemeja al Leteo, sucede lo mismo con nuestro cuerpo celeste en Devachán, y mucho más.

PREG. ¿He de creer entonces que el asesino, el trasgresor de la ley divina y humana en toda forma, no recibe castigo alguno?

TEÓS. ¿Quién dijo eso jamás? Tiene nuestra filosofía una doctrina de castigo tan severa como la del calvinista más riguroso, pero mucho más filosófica y conforme con la justicia absoluta. Ningún acto, ni siquiera un pensamiento culpable, dejará de recibir su castigo; más severamente aun este último que el primero, porque es mucho más potente y eficaz en la creación de malos resultados que el acto mismo39. Creemos en una Ley de Retribución infalible, llamada Karma, que se afirma a sí misma en un encadenamiento natural de causas, de inevitables resultados o consecuencias.

PREG. ¿Cómo o dónde funciona esa ley?

TEÓS. Cada trabajador requiere su salario, dice la sabiduría del Evangelio; cada acción buena o mala es un padre prolífico, dice la Sabiduría de las Edades. Unid ambas sentencias y hallaréis el “porqué.” Después de haber concebido al alma libertada de los sufrimientos de la vida personal, una compensación suficiente y hasta céntupla, Karma, con su ejército de skandhas, espera en la entrada del Devachán a que vuelva el Ego para asumir una nueva encarnación. En este momento es cuando el destino futuro del entonces ya descansado Ego oscila en la balanza de la justa retribución, al caer de nuevo bajo la acción de la Ley activa kármica. En este renacimiento preparado para él, renacimiento elegido y dispuesto por esa LEY misteriosa, inexorable (pero infalible en su equidad y sabiduría), es donde son castigados los pecados cometidos en la vida anterior del Ego. Sólo que no es en un Infierno imaginario, con llamas teatrales y diablos ridículos con colas y cuernos, donde es precipitado el Ego, sino en esta Tierra, plano y región de sus pecados, es donde habrá de expiar cada pensamiento malo y cada mala acción. Lo que haya sembrado recogerá. En torno de él la Reencarnación reunirá a todos aquellos otros Egos que hayan sufrido, sea directa o indirectamente, por culpa de la personalidad pasada, aun cuando ésta no haya sido más que un instrumento inconsciente. Serán arrojados por Némesis en el camino del nuevo hombre, que oculta al antiguo, al eterno Ego, y…

PREG. Mas ¿dónde está la equidad de que habláis, ya que esas NUEVAS “personalidades” ignoran haber pecado o que se haya pecado contra ellas?

TEÓS. ¿Ha de considerarse que ha sido tratado con justicia un abrigo que fuese hecho jirones, al ser arrancado de las espaldas de un hombre que lo robara por aquel a quien le hubiese sido robado y que reconociese su propiedad? La nueva “personalidad” es como un traje nuevo, con su forma, color y cualidades especiales que lo caracterizan; pero el hombre verdadero que lo lleva es el mismo pecador de antes. La individualidad es la que sufre por medio de su “personalidad”.

Sólo esto y nada más que esto puede darnos razón de la terrible aunque aparente injusticia en la distribución de los lotes que en la vida tocan al hombre. Cuando acierten vuestros filósofos modernos a darnos una buena razón de por qué tantos hombres inocentes, y buenos en apariencia nacen únicamente para sufrir durante toda su vida, por qué tantos nacen pobres, hasta el punto de morirse de hambre en las calles de las grandes poblaciones, abandonados por la suerte y por los hombres; por qué nacen unos en el arroyo, mientras otros ven la luz en los palacios; por qué suelen, tan frecuentemente, la nobleza y la fortuna estar en manos de los hombres peores, y raras veces de los buenos; por qué existen mendigos cuyo “yo interno” es igual al de los hombres superiores y nobles; cuando todo esto y mucho más quede satisfactoriamente explicado, bien por vuestros filósofos o por vuestros teólogos, sólo en tal caso pero no hasta entonces, tendréis el derecho de rechazar la teoría de la reencarnación. Los más grandes poetas han entrevisto esa verdad de las verdades. Shelley creyó en ella, y debió pensar en ella Shakespeare cuando escribía sobre la insignificancia del nacimiento. Acordaos de sus palabras:

¿Por qué ha de retener mí nacimiento a mi espíritu ascendente?
¿No están todas las criaturas sujetas al tiempo?
Legiones de mendigos existen en la tierra,
cuyo origen arranca de los reyes.
Y monarcas hay hoy, cuyos padres eran
los miserables de su época…”

Cambiad la palabra “padres” por la de “Egos” y tendréis la verdad.



38 Sobre esa trasgresión ha sido basado el dogma cruel e ilógico de los ángeles caídos, que está explicado
en el vol. II de la Doctrina Secreta. Todos nuestros “Egos” son entidades pensadoras y racionales (Mânasa–putras), que han vivido, sea bajo la forma humana u otras, en el ciclo de vida precedente, (Manvantara), y cuyo Karma era el de encarnarse en el hombre en el presente ciclo. Enseñaban en los Misterios que, habiendo dejado de cumplir con esta ley (o habiéndose “ negado a crear“, como el Hinduismo dice de los Kumâras y la leyenda cristiana del Arcángel San Miguel), es decir, no habiéndose encarnado en debido tiempo, los cuerpos que les estaban predestinados se corrompieron (Ver Stanzas, VIII y IX, en las “ Slokas de Dzyan”, vol. II de la Doctrina Secreta). De aquí nace el pecado original de las formas sin entendimiento, y el Infierno se explica simplemente por el hecho de verse prisioneros esos Espíritus o Egos puros en cuerpos de materia impura (la carne).
39 Yo os digo más: “cualquiera que mirare a una mujer con mal deseo hacia ella, ya ha cometido adulterio
en su corazón.” (Mateo, V, 28.)



PREG. Pero ¿cuál es la diferencia entre las dos? Confieso que aún me hallo a oscuras respecto a este punto.

TEÓS. Me esfuerzo en explicarlo; pero, por desgracia, más difícil es con algunos conseguirlo que el infundirles un sentimiento de respeto hacia imposibilidades infantiles, únicamente porque son ortodoxas y porque la ortodoxia es respetable. Para comprender bien la idea, tenéis que estudiar primeramente las dos series de “principios”: los espirituales o aquellos que pertenecen al Ego imperecedero, y los materiales o los principios que constituyen los cuerpos, constantemente variables, o series de personalidades de aquel Ego. Démosles nombres permanentes y digamos que: I. Âtma, el Yo Supremo, no es ni vuestro espíritu ni el mío, sino que, como el sol, resplandece sobre todos. Es el principio divino universalmente difundido, inseparable de su meta–espíritu uno y absoluto, del mismo modo que el rayo solar es inseparable de la luz del sol.

Buddhi ( el alma espiritual) es tan sólo su vehículo. Ni Âtma ni Buddhi por sí, ni los dos colectivamente, son más útiles al cuerpo del hombre que lo pueden ser, a una masa de granito sepultada en la tierra, la luz del sol y sus rayos; a menos “que la dualidad divina sea asimilada por alguna conciencia, y reflejada en ella.” Ni es el más elevado aspecto de Karma, su propio agente activo, en su sentido; y el segundo es inconsciente en este plano. Aquella conciencia o mente es: III.

Manas37, el derivado o producto, en una forma reflejada, de Ahamkâra, “el concepto del yo o egoidad”. Es, por consiguiente, llamado el EGO ESPIRITUAL, cuando está inseparablemente unido a los dos primeros; así como Taijasa (el radiante). Ésta es la verdadera Individualidad real, o el hombre divino. Este Ego es el que, habiéndose encarnado originariamente en la forma humana sin entendimiento, animada par la presencia en sí misma de la Mónada dual, pero inconsciente de ella (puesto que no tenía conciencia), hizo de esa forma, humana en apariencia, un verdadero hombre. Este Ego es aquel “Cuerpo–Causal” que cobija a cada personalidad en que Karma lo obliga a encarnarse. Este EGO es el responsable de todos los pecados cometidos por cada nuevo cuerpo o personalidad (apariencias pasajeras que ocultan al verdadero Individuo a través de las largas series de renacimientos).

PREG. ¿Pero es justo esto? ¿Por qué ha de ser castigado ese Ego como resultado de hechos que ha olvidado?

TEÓS. No los ha olvidado; sabe y recuerda sus malas acciones tan bien como vos os acordáis de lo que hicisteis ayer. ¿Acaso porque la memoria de ese conjunto de compuestos físicos llamado “cuerpo” no recuerde lo que su predecesor (la personalidad anterior) hizo, imagináis que el Ego real lo ha olvidado? Tanto valdría decir que es injusto que sea castigada por una cosa de la que nada sabe la chaqueta nueva que usa un muchacho a quien vapulean por haber robado manzanas.

PREG. Pero ¿no existen medios de comunicación entre la conciencia o memoria espiritual y la humana?

TEÓS. Seguramente los hay; pero jamás fueron reconocidos por vuestros psicólogos científicos modernos. ¿A qué atribuís la intuición, la “voz de la conciencia”, las reminiscencias en forma de aviso, vagas e indefinidas, etc., sino a tales comunicaciones? ¡Ojalá la mayoría de los hombres, los cultos al menos, estuviesen dotados de las delicadas percepciones espirituales de Coleridge, quien demuestra hasta qué punto llega su intuición en algunos de sus comentarios! Ved lo que dice respecto a la probabilidad de que “todos los pensamientos sean en sí mismos imperecederos”. “Si fuese más comprensiva la facultad inteligente [despertar súbito de la memoria], sólo se necesitaría para traer ante cada alma humana la experiencia colectiva de toda su existencia pasada existencias más bien, una organización diferente y apropiada, el cuerpo celeste en vez del terrestre”. Este cuerpo celeste es nuestro Ego Manásico. _________________________________________________________________________________ En su Catecismo Budista, el mismo Coronel Olcott, obligado por la lógica de la filosofía esotérica, tuvo necesidad de corregir los errores de Orientalistas anteriores que no hicieran esa diferencia, y dar al lector sus razones para ello. Dice: “las apariciones sucesivas sobre la Tierra o descenso en la generación de las partes tanhaicamente coherentes (skandhas) de un ser determinado son una sucesión de personalidades.

La PERSONALIDAD difiere en cada nacimiento de un nacimiento anterior o sucesivo. Karma, el DEUS EX MACHINA, se oculta (¿diremos más bien que se refleja? ) a sí mismo ora en la personalidad de un sabio, ya bajo la forma de un artesano, y así sucesivamente, a través de toda serie de existencias. Pero, aunque las personalidades siempre cambian, la línea única de vida que las ensarta como las cuentas de un rosario, permanece unida, es siempre esa línea particular, jamás otra alguna. Es, por lo tanto, una ondulación individual y vital que empezó en Nirvana, o lado subjetivo de la Naturaleza, como la ondulación de la luz o del calor, propagada a través del éter, nació en un origen dinámico; recorre el lado objetivo de la Naturaleza bajo el impulso de Karma, y la dirección creadora de Tanhâ (deseo de vivir no satisfecho); y conduce, a través de muchos cambios cíclicos, de nuevo al Nirvana. Mr. Rhys–Davis llama a aquello que pasa de personalidad a personalidad por la cadena individual, “carácter” o“acción”. Puesto que el “ carácter” no es una simple abstracción metafísica, sino la suma de nuestras propias cualidades mentales y propensiones morales, ¿no contribuiría a rechazar o a desvanecer lo que Mr. Rhys–Davis llama “ el desesperado expediente de un misterio” (Budismo, pág. 101) el considerar la ondulación de la vida como la individualidad, y a cada una de sus series de manifestaciones natales como una personalidad separada?

El individuo perfecto, buddhísticamente hablando, es un Buda; pero Buda no es más que la flor rara de la humanidad, sin la menor mezcla sobrenatural. Y como son necesarias un sinnúmero de generaciones –“cuatro asankheyyas y cien mil ciclos”, según Fansböll y Rhys–Davis (Buddhist Birth Stories, pág.13)– para convertir a un hombre en Buddha, y la voluntad de hierro para convertirse en tal permanece a través de todos los nacimientos futuros, ¿Cómo llamaremos a aquello que de este modo quiere y persevera? ¿El carácter? ¿Nuestra individualidad; una individualidad manifestada sólo en parte en cualquier nacimiento nuestro, pero constituida por fragmentos de todos los nacimientos? ”

37 MAHAT o la MENTE UNIVERSAL es el origen de manas. Este último es el mahat, es decir, la mente en el hombre. También se llama a Manas Kshetrajña, espíritu encarnado, porque, según nuestra filosofía, los Mânasa–putras o “ Hijos de la Mente Universal” son los que crearon o mejor dicho produjeron al hombre pensador, manu, encarnado en la tercera raza de la humanidad en nuestra Ronda. Es Manas por consiguiente, el verdadero y permanente Ego Espiritual que se encarna, la INDIVIDUALIDAD, y nuestras innumerables y diferentes personalidades no son sino sus aspectos externos.



PREG. Me habéis dado una idea general acerca de los siete principios. Decidme ahora cómo se explica la falta completa de memoria respecto de nuestras vidas anteriores, a la luz de lo que habéis dicho sobre esos principios.

TEÓS. Muy fácilmente. Los “principios” que llamamos físicos32, son desintegrados después de la muerte, a la par que sus elementos constitutivos, y la memoria a la vez que su cerebro. Esa memoria desvanecida de un cuerpo que desapareció no puede recordar ni registrar cosa alguna en la encarnación posterior del Ego. 

La reencarnación significa que ese Ego ha de ser dotado de un nuevo cuerpo, de un nuevo cerebro y de una nueva memoria.

Tan absurdo sería, por consiguiente, esperar que se acordase la memoria de aquello que jamás pudo registrar, como inútil resultaría examinar con el microscopio una camisa que nunca hubiese llevado puesta un asesino, y buscar en ella las manchas de sangre que sólo habían de hallarse en la ropa que llevó en otra ocasión. No es la camisa limpia la que hemos de interrogar, sino la ropa que llevaba cuando ejecutó el crimen; y si ésta ha sido quemada y destruida, ¿cómo la podéis encontrar?

PREG. ¿Cómo podéis tener la seguridad de que se cometió el crimen, o de que el “hombre de la camisa limpia” ha existido anteriormente?

TEÓS. Seguramente no por medios físicos, ni basándonos en el testimonio de aquello que ya no existe.  Pero existe la evidencia circunstancial, que nuestras sabias leyes admiten quizás más de lo que debieran. Para convencerse del hecho de la reencarnación y de las vidas pasadas, debe ponerse uno en relación con el propio Ego real permanente, y no con la memoria, que es pasajera.

PREG. Pero ¿cómo ha de poder creer la gente en aquello que no sabe ni ha visto jamás, y mucho menos ponerse en relación con ello?

TEÓS. Si la gente más ilustrada de buena gana cree en “la gravedad”, el “éter”, la “fuerza” y tantas otras cosas de Ciencia, en abstracciones e “hipótesis” que no ha visto, tocado, olido, oído ni probado, ¿por qué no habrían de creer otras personas, en virtud del mismo principio,en el Ego propio permanente, “hipótesis” muchísimo más lógica e importante que ninguna otra?

PREG. ¿Qué es, en fin, ese misterioso principio eterno? ¿Podéis explicar su naturaleza de un modo comprensible para todos?

TEÓS. El Ego que se reencarna es el “Yo” individual e inmortal, no el personal; en una palabra, el vehículo de la MÓNADA Atma–Búddhica; aquello que es recompensado en el Devachán y castigado en la Tierra, y aquello, en fin, a que se une sólo el reflejo dé los skandhas o atributos de cada reencarnación33.

PREG. ¿Qué entendéis por skandhas?

TEÓS. Precisamente lo que acabo de decir: los “atributos” entre los que está comprendida la memoria. Todos mueren como la flor, dejando sólo tras sí un débil aroma. He aquí un párrafo del Catecismo Buddhista de H. S. Olcott34, que se refiere precisamente al asunto y trata la cuestión del modo que sigue:

“El anciano recuerda los incidentes de su juventud, a pesar de haber cambiado física y mentalmente. ¿Por qué entonces no llevamos con nosotros el recuerdo de nuestras pasadas vidas de un nacimiento a otro? Porque la memoria está incluida en los skandhas, y habiendo cambiado éstos con la nueva existencia, la memoria,el recuerdo de la anterior existencia particular, se desvanece. Sin embargo, debe sobrevivir el recuerdo o reflejo de todas las vidas pasadas, porque cuando el príncipe Siddhârtha se convirtió en Buddha, la serie completa de sus nacimientos anteriores le fue revelada… y cualquiera que llega a alcanzar el estado de Jhana puede de ese modo trazar retrospectivamente la línea de su vida”.

Esto os probará que mientras las cualidades imperecederas de la personalidad, como el amor, la bondad, la caridad, etc., se unen al Ego inmortal, fotografiando en él, por decirlo así, una imagen permanente del aspecto divino del hombre que anteriormente existía, sus skandhas materiales (aquellos que generan los efectos kármicos más marcados) son tan pasajeros como la luz del relámpago, y no pueden influir en el cerebro de la nueva personalidad; sin embargo, esto no altera en modo alguno la identidad del Ego reencarnado.

PREG. ¿Queréis decir con esto que aquello que sobrevive es únicamente la memoria del alma, según la llamáis, siendo esa alma o Ego uno mismo, mientras que nada queda de la personalidad?

TEÓS. No por completo. Excepto en el caso de que esta última haya sido la de un materialista absoluto, cuya naturaleza no haya sido penetrable ni por el rayo espiritual más pequeño, algo perteneciente a cada personalidad debe sobrevivir, puesto que deja su eterna huella en el yo permanente que se encarna, o Ego Espiritual35. 

La personalidad, con sus skandhas, cambia constantemente en cada nuevo nacimiento. Es,como antes hemos dicho, tan sólo el papel que representa el actor (el verdadero Ego)durante una noche. Ésta es la razón por la que no guardamos memoria de nuestras vidas pasadas en el plano físico, aunque el “Ego” real las ha vivido y las conoce todas.

PREG. ¿Por qué no imprime entonces el hombre real o espiritual aquel conocimiento en su nuevo “yo” personal?

TEÓS. ¿Cómo pudieron unas sirvientes de un pobre cortijo hablar el hebreo y tocar el violín en estado extático o de sonambulismo, cosas que desconocían en absoluto en su estado normal? Porque, como os diría todo verdadero psicólogo, no de vuestra escuela moderna sino de la antigua, sólo puede obrar el Ego Espiritual cuando el ego personal está paralizado. 

El “Yo” Espiritual en el hombre es omnisciente, y toda sabiduría es innata en él; mientras que el Yo personal es la hechura de lo que lo rodea,y el esclavo de la memoria física. Si el primero pudiese manifestarse sin interrupción ni impedimento alguno, ya no habría hombres en la Tierra, pues todos seríamos dioses.

PREG. Debiera, sin embargo, haber excepciones, y algunos debieran acordarse.

TEÓS. Las hay, en efecto. Mas, ¿quién cree en sus referencias? Tales personas son consideradas generalmente, por el materialismo moderno, como histéricos alucinados, maniáticos o farsantes. Léanse, sin embargo, las obras que tratan de este punto, especialmente Reencarnación, un estudio de la Verdad Olvidada, por S. D. Walker, M. S. T., y obsérvese la cantidad de pruebas que acerca de tan debatida cuestión presenta el autor. 

Se habla del alma a la gente, y algunos preguntan: “¿Qué es el alma? ¿Habéis probado jamás su existencia?” Inútil es, por supuesto, argüir a los que son materialistas, pero aun a estos últimos quisiera dirigir esta pregunta: 
¿ Podéis acordaros de lo que erais o hacíais cuando niños pequeños?  ¿Habéis conservado el menor recuerdo de vuestra vida, pensamientos o actos, o tan siquiera de que hayáis vivido durante los primeros dieciocho meses o dos años de vuestra existencia? ¿Por qué entonces, partiendo del mismo principio, no negáis también el haber vivido alguna vez como niños?” 

Cuando a todo esto añadimos que el Ego que se reencarna, o individualidad, retiene durante el período devachánico únicamente la esencia de la experiencia de su vida terrestre pasada, o personalidad, quedando absorbidas todas las experiencias físicas en un estado impotencia o siendo convertidas, por decirlo así, en fórmulas espirituales; cuando tenemos en cuenta, además, que el espacio de tiempo que transcurre entre dos renacimientos se dice que es de diez a quince siglos, durante cuyo período la conciencia física está total y absolutamente inactiva, careciendo de órganos que obren en ella, y, por consiguiente, de existencia, la razón de la ausencia de todo recuerdo resulta bien clara.

PREG. Acabáis de decir que el Ego Espiritual es omnisciente. ¿Dónde está, pues, esa decantada omnisciencia durante su vida devachánica, como la llamáis?

TEÓS. Durante ese tiempo se halla en estado latente y potencial; porque en primer lugar, el Ego Espiritual no es el Yo SUPREMO, que siendo uno con el Alma Universal o Inteligencia, es el solo omnisciente; y segundo, porque el Devachán es la continuación idealizada de la vida terrestre que se acaba de abandonar, período de ajustamiento retributivo y recompensa por los daños y sufrimiento experimentados inmerecidamente en aquella vida especial. 

El Ego espiritual, en el Devachán sólo es omnisciente potencialmente, y defacto exclusivamente en Nirvana, cuando el Ego está fundido en el Alma–Mente Universal.

Vuelve a ser casi omnisciente, sin embargo, durante aquellas horas en la Tierra en que ciertas condiciones anormales cambios fisiológicos del cuerpo libran al Ego de los estorbos e impedimentos de la materia.

Ejemplo de ello son los dos casos de sonambulismo más arriba citados, de una humilde criada hablando el hebreo y otra tocando el violín. No quiere esto decir que las explicaciones que respecto a esos dos casos nos ofrece la ciencia médica no encierren verdad alguna en sí, pues una de aquellas muchachas había oído años antes a un pastor protestante, maestro suyo, leer obras hebreas en voz alta, y la otra había oído a un artista tocar el violín en el cortijo que habitaba.

Mas, ninguna de las dos hubiese pedido hacer esto con la perfección con que lo hicieron si no hubiesen estado animadas por Aquello que, debido a la identidad de su naturaleza con la Mente Universal, es omnisciente. 
En el primer caso el principio superior obró sobre los skandhas y los puso en movimiento; en el último, estando la personalidad paralizada se manifestó la individualidad misma. Os ruego no confundáis las dos cosas.


32 A saber: el cuerpo, la vida, los instintos pasionales y animales, y el fantasma astral o eidolon, de cada hombre, sea percibido en pensamiento, por nuestro ojo mental, u objetivamente y separado del cuerpo físico; cuyos principios llamamos Sthula sharira, Prâna, Kâma–Rûpa y Linga sharira. Ningún principio de éstos es negado por la ciencia, aunque los llame de modo distinto.
33 Existen en las doctrinas Buddhistas cinco Skandhas o atributos: Rupa (forma o cuerpo), cualidades materiales; Vedana, sensación; Sanna, ideas abstractas; Sankhara, tendencias de la mente; Vinnana, poderes mentales. Estamos formados de ellos, por ellos somos conscientes de la existencia, y por medio de ellos nos comunicamos con el mundo que nos rodea.
34 Por H.S. Olcott, Presidente y fundador de la Sociedad Teosófica. La exactitud de la doctrina está sancionada por el Rev. H. Sumangala, gran Sacerdote de Sripada y Gales, y Principal del Widyodaya Parivena (Colegio) en Colombo, como de acuerdo con el Canon de la Iglesia Buddhista del Sur.

35 Espiritual, en oposición al yo personal. El estudiante no debe confundir ese Ego Espiritual con el “ YO SUPREMO“, que es Âtma, el Dios nuestro interno e inseparable del Espíritu Universal. (Véase en la sección IX: “De la Conciencia post mortem y post natun.”)



¿QUÉ ES LA MEMORIA, SEGÚN LA DOCTRINA TEOSÓFICA?


PREG. La cosa más difícil para vosotros va a ser explicar semejante creencia apoyándola en principios racionales. Hasta ahora no ha conseguido teósofo alguno presentarme una prueba capaz de quebrantar mi escepticismo. Ante todo, tenéis en contra de esa teoría de la Reencarnación el hecho de que no se ha encontrado aún hombre alguno que se acordase de haber vivido antes, y mucho menos de quien era durante su vida anterior .

TEÓS. Veo que vuestro argumento tiende a la antigua objeción de costumbre, la pérdida de la memoria en cada uno de nosotros, respecto de nuestra encarnación precedente. ¿Creéis que esto quita valor a nuestra doctrina? A ello contesto que no, y que en todo caso no puede ser concluyente una objeción semejante.

PREG. Quisiera oír vuestros argumentos.

TEÓS. Son pocos y breves. Sin embargo, cuando se toma en consideración la absoluta incapacidad de los mejores psicólogos modernos para explicar al mundo la naturaleza de la mente, y su completa ignorancia acerca de las potencialidades y estados superiores de la misma, tenéis que reconocer que aquella objeción está basada en una conclusión a priori, sacada de una evidencia prima fácil y circunstancial, más que de otra cosa. Ahora decidme: ¿qué es en vuestro concepto la “memoria?”

PREG. Lo que se entiende por ella generalmente: la facultad en nuestra mente de recordar y conservar el conocimiento de los pensamientos, actos y acontecimientos ¿Os habéis fijado alguna vez en la diferencia que hay entre ellas? Acordaos de que memoria es un nombre genérico.
No obstante, todos éstos son sinónimos.

TEÓS. No lo son seguramente, al menos en filosofía. La memoria es simplemente un poder innato en los seres racionales, y hasta en los animales, para reproducir pasadas impresiones por medio de una asociación de ideas, sugeridas principalmente por cosas objetivas o por alguna impresión sobre nuestros órganos sensorios externos. La memoria es una facultad que depende enteramente del funcionamiento más o menos
sano y normal de nuestro cerebro físico; el recuerdo y la reproducción son los atributos y los servidores de esa memoria. Pero la reminiscencia es una cosa enteramente distinta.

El psicólogo moderno define la reminiscencia como algo intermedio entre el recuerdo y la reproducción; un proceso consciente por el que se recuerdan los hechos pasados, pero sin aquella referencia completa y variada de objetos determinados, que caracteriza la reproducción. Locke, hablando de la reproducción y del recuerdo, dice: “Cuando una idea se ofrece de nuevo a la memoria sin la influencia del mismo objeto sobre el sensorio externo, esto se llama recuerdo; si la mente encuentra una idea que buscara con trabajo y esfuerzo, esto es reproducción”. Mas Locke mismo deja de darnos una definición clara de la reminiscencia, porque no es una facultad o atributo de nuestra memoria física, sino una percepción intuitiva aparte y fuera de nuestro cerebro físico; una percepción que, al ser puesta en acción por el conocimiento siempre presente de nuestro Ego espiritual, abarca aquellas visiones consideradas anormales en el hombre (desde las pinturas inspirada por el genio hasta el delirio y devaneos de la fiebre y de la locura misma), clasificadas por la ciencia como no existentes, excepto en nuestra imaginación.

El Ocultismo y la Teosofía consideran la reminiscencia, sin embargo, desde un punto de vista completamente distinto. Para nosotros, la memoria es física y pasajera, y depende de las condiciones fisiológicas del cerebro, proposición fundamental entre todos los profesores de la mnemotécnica, apoyados además por las investigaciones de los psicólogos científicos modernos; pero la reminiscencia es la memoria del alma. Esa memoria es la que da a casi todos los seres humanos, sea que lo comprendan o no, la certeza de haber vívido anteriormente y de tener que vivir de nuevo. Dice bien Wordesvorth:

“Nuestro nacimiento es sólo un sueño y un olvido; el alma que surge en nosotros, la estrella de nuestra vida, tuvo en otra parte su punto de partida, y viene de lejos.” anteriores.

TEÓS. Agregad a esto, si gustáis, que existe una gran diferencia entre las tres formas aceptadas de la memoria. Además de la memoria en general, tenemos el recuerdo, la reproducción y la reminiscencia.

PREG. Si basáis vuestra doctrina en esa clase de memoria (poesías y fantasías imaginarias, según vuestra propia confesión), creo, en este caso, que no convenceréis a muchos.

TEÓS. No expresé que fuese una fantasía. Dije sencillamente que los fisiólogos y hombres de ciencia en general consideran tales reminiscencias como alucinaciones y fantasías, siendo bien recibida tan “sabia” conclusión. No negamos que esas visiones del pasado, esos rastros de luz pasajera de los tiempos que fueron, sean anormales comparados con nuestra experiencia de la vida diaria y la memoria física. Pero sostenemos con el profesor W. Knight que “la ausencia de la memoria de cualquier acto ejecutado en un estado previo no puede ser argumento concluyente contra la posibilidad de haber vivido en el mismo”.

Y todo adversario de buena fe deberá convenir en lo que dice Butler en sus Lecturas sobre la filosofía platónica: “la idea de extravagancia que esto (la preexistencia) produce tiene su secreto origen en los prejuicios materialistas o semimaterialistas”. Sostenemos además que la memoria, como la llamó Olimpiodoro.

Es simplemente una fantasía, y la más insegura de todas las cosas en nosotros31. Aseguraba Ammonio Saccas que la memoria es la única facultad en el hombre directamente opuesta a la profecía o visión en el futuro. Acordaos también de que una cosa es la memoria y otra la mente o pensamiento; la una es una máquina para archivar, un registro que muy fácilmente se descompone, los pensamientos son eternos e imperecederos. ¿Os negaríais a creer en la existencia de ciertas cosas u hombres sólo porque no los hubiesen visto vuestros ojos físicos? ¿No es garantía suficiente de haber vivido Julio César el testimonio colectivo de generaciones pasadas que lo vieron? ¿Por qué no se habría de tomar en consideración el mismo testimonio de los sentido psíquicos de las masas?

PREG. Pero ¿no creéis que éstas son distinciones demasiado sutiles para que puedan ser aceptadas por la mayoría de los mortales?

TEÓS. Decid más bien por la mayoría de los materialistas. A éstos decimos: Ved que, hasta en el corto espacio de la existencia ordinaria, la memoria es demasiado débil para registrar todos los acontecimientos de una vida. ¡Con cuánta frecuencia permanecen dormidos en nuestra memoria los hechos más importantes, hasta que son despertados por alguna asociación de ideas, o puestos en movimiento y actividad por algún lazo de unión! Esto es lo que sucede especialmente a las personas de edad avanzada, cuya memoria siempre se debilita. Por lo tanto, teniendo en cuenta lo que sabemos acerca de los principios físicos y espirituales en el hombre, no debiera sorprendernos el hecho de que la memoria no registre nuestras vidas anteriores, sino el caso contrarío, si así sucediese.

31 La fantasía –dice Olimpiodoro (In Platonis Phoedo)–es un impedimento para nuestros conceptos
intelectuales; y, por lo tanto, cuando estamos agitados por la influencia inspiradora de la Divinidad, si
interviene la fantasía, la energía entusiasta cesa; porque el entusiasmo y el éxtasis son contrarios uno al
otro. Si se pregunta si el alma es capaz de producir energía sin la fantasía, contestamos que su percepción
de los universales prueba que es capaz de ello. Tiene, por consiguiente, percepciones independientes de
la fantasía; al mismo tiempo, sin embargo, la fantasía ayuda a sus energías, del mismo modo que la
tempestad persigue al navegante.

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PREG. Mucho he oído acerca de esa constitución del hombre “interno”, como vosotros la llamáis, pero nunca pude entenderla.

TEÓS. Es “confusa”, sin duda, y muy difícil, como decís, el entenderla correctamente y saber distinguir entre los diferentes aspectos llamados por nosotros los “principios” del Ego real. Y lo es tanto más cuanto que existe una diferencia notable entre las varias escuelas Orientales respecto a la enumeración de esos principios, aun cuando en el fondo la base de la doctrina es idéntica.

PREG. ¿Os referís acaso, como ejemplo, a los Vedantinos? ¿No reducen éstos los siete “principios” de que habláis a cinco solamente?

TEÓS. Así lo hacen; pero, sin querer discutir este punto con un vedantino instruido, puedo decir, sin embargo, como opinión mía particular, que tienen un motivo claro y evidente para hacerlo así. Para ellos, lo que se llama el hombre, es únicamente ese conjunto espiritual que consiste en varios aspectos mentales, no mereciendo el cuerpo físico, según ellos, sino el más profundo desprecio y siendo una pura ilusión. Y no es la Vedanta la única filosofía que lo aprecia de este modo. Lao–Tse, en su Tao–te–King, sólo menciona cinco principios, porque, del mismo modo que los vedantinos, deja de incluir dos principios, que son el espíritu (alma) y el cuerpo físico, al que llama “el cadáver”. Hay también la Escuela Taraka Rajá Yoga. Su doctrina, en efecto, sólo reconoce tres “principios”; pero, en realidad, su Sthulopadi o cuerpo físico, en estado de vela consciente; su Sukshmopadhi, el mismo cuerpo en Svapna o estado de ensueño, y su Karanopadhi, “cuerpo causal” o lo que pasa de una encarnación a otra, son todos duales en sus aspectos, y de este modo forman seis. Agregad a éstos Âtma, el principio divino impersonal o el elemento inmortal en el hombre, indistinguible del Espíritu Universal, y tendréis los mismos siete principios30. Bien hacen en atenerse a su división; nosotros conservamos la nuestra.

PREG. Según eso, parece que es casi la misma división establecida por los místicos cristianos, o sea: cuerpo, alma y espíritu.

TEÓS. Exactamente la misma. Fácilmente podríamos hacer del cuerpo el vehículo del “doble vital “; de este último, el vehículo de la Vida o Pranâ; de Kâma–Rûpa, o alma (animal) el de la inteligencia superior e inferior, y hacer seis principios, coronándolos todos el espíritu uno inmortal. En Ocultismo cada cambio calificativo en el estado de nuestra conciencia da al hombre un nuevo aspecto, y si prevalece y llega a formar parte del Ego viviente y activo, debe recibir (y recibe) un nombre especial para distinguir entre el hombre en ese estado particular y ese mismo hombre cuando se halla en un estado distinto.

PREG. Esto es precisamente lo difícil de entender.

TEÓS. Me parece, al contrario, muy fácil una vez comprendida la idea esencial, es decir que obra el hombre en un plano u otro de conciencia, en estricta conformidad con su condición mental y espiritual. Pero tal es el materialismo de nuestra época, que cuanto más nos explicamos, menos capaz de entendernos parece la gente. Dividid al Ser terrestre llamado hombre en tres aspectos principales, porque a no ser que lo consideréis como un simple animal, no podréis menos que hacerlo así, considerad su cuerpo objetivo; luego, el principio reflexivo que está en él (que sólo es algo más elevado que el elemento instintivo en el animal) o alma vital consciente; y, por último, aquello que lo coloca tan inconmensurablemente por encima del animal, es decir, el alma que razona o “espíritu”. Si tomamos esos tres grupos o entidades representativas, y las subdividimos conforme enseña la Doctrina Secreta, ¿qué resulta? Ante todo, el espíritu (en el sentido de lo Absoluto, y. por consiguiente, el todo indivisible) o Âtma.

Como éste no puede ser localizado ni limitado en filosofía, siendo simplemente aquello que es en la Eternidad, y que no puede estar ausente del punto geométrico o matemático más pequeño del Universo de la materia o substancia, no debiera en manera alguna llamarse principio “humano”. Es todo lo más, en Metafísica, aquel punto que la Mónada humana y su vehículo, el hombre, ocupan en el espacio durante el período de cada vida. Ahora bien; este punto es tan imaginario como el hombre mismo, y es en realidad una ilusión, un maya; mas, para nosotros, así como para los demás Egos personales, somos una realidad durante ese momento de ilusión llamada vida, por lo que hemos de tenernos en cuenta a nosotros mismos, en nuestra imaginación por lo menos. Con objeto de hacerlo más concebible para la inteligencia que intenta por primera vez el estudio del Ocultismo y la solución del abecé del misterio del hombre, el Ocultismo llama a ese séptimo principio la síntesis del sexto, y le da por vehículo el alma espiritual, Buddhi.

Pues bien; este último encierra un misterio que jamás es revelado a nadie, excepto a los chelas ligados irrevocablemente por juramento, o a lo más a aquellos en quienes se puede confiar sin temor alguno. Es claro que si pudiera decirse habría menos confusión; pero como esto está directamente relacionado con el poder de la proyección del doble personal, conscientemente y a voluntad; y como este don, del mismo modo que el “anillo de Gijes” resultaría fatal para el hombre en general y pasa el poseedor de esa facultad en particular, se oculta cuidadosamente. Mas volvamos a los “principios”. Esa alma divina, o Buddhi, es el vehículo del Espíritu. Los dos unidos son uno solo, impersonal y sin atributo alguno (en este plano, por supuesto), y hacen dos “principios” espirituales. Si pasamos ahora a considerar el alma humana, Manas o mens, todos convendrán en que la inteligencia del hombre es por lo menos dual, es decir: el hombre de inteligencia superior, difícilmente puede confundirse con el hombre inferior; el hombre muy intelectual y espiritual se halla separado por un abismo del hombre obtuso, torpe y material, quizás de
tendencias animales.

PREG. Pero ¿por qué no se ha de representar al hombre por dos “principios” o dos aspectos?

TEÓS. Cada hombre lleva en sí esos dos principios, uno más activo que el otro, y sólo en raros casos uno de los dos se ve paralizado por completo, por decirlo así, en su crecimiento o desarrollo, por la fuerza y predominio del otro aspecto, en cualquier dirección. Éstos son, pues lo que llamamos los dos principios o aspectos de Manas, el superior y el inferior; el primero, el Manas superior o Ego consciente y reflexivo, gravita hacia el alma espiritual (Buddhi); y el último, o su principio instintivo, es atraído hacia Kama, centro de los deseos animales y de las pasiones en el hombre. Tenemos de este modo demostrados cuatro “principios”, de los cuales los tres últimos son: 1) el “doble” que hemos convenido en llamar alma protea o plástica, 2) el principio de vida, y 3) el cuerpo físico. Ningún fisiólogo o biólogo, por supuesto, aceptará esos principios, ni los comprenderá tampoco. Y por esto quizás ninguno de ellos comprende hasta ahora las funciones del bazo, el vehículo físico del doble proteo, o las de cierto órgano situado en el lado derecho del hombre, centro de los deseos más arriba mencionados; ni tampoco nada sabe acerca de la glándula pineal, que describe como una glándula que contiene un poco de arena, cuando verdaderamente es el propio centro de la más elevada y divina conciencia en el hombre, su inteligencia omnisciente espiritual, que todo lo abraza. Y esto os demostrará aún más claramente que ni hemos inventado esos siete principios, ni son tampoco nuevos en el mundo de la filosofía, como podemos probar fácilmente.

PREG. Pero ¿qué es lo que se reencarna, según vuestra creencia?

TEÓS. El Ego Espiritual pensante, el principio permanente en el hombre, aquello que es centro de Manas. El hombre individual o divino no es Âtma, ni tampoco Âtmâ–Buddhi, considerado como la Mónada dual, sino Manas; porque Âtman es el Todo Universal y se convierte en el Yo SUPREMO del hombre sólo en conjunción con Buddhi, su vehículo, que LO une a la individualidad (u hombre divino). Buddhi–Manas es lo que llaman los Vedantinos el Cuerpo–Causal (los Principios 5º y 6º unidos), el cual es la conciencia que LO enlaza a cada personalidad en que mora en la Tierra. Por consiguiente, siendo el alma un término genérico, hay en los hombres tres aspectos de alma: el terrestre o animal; el alma humana, y el Alma Espiritual; y todas éstas, estrictamente hablando, son un alma sola bajo tres aspectos. Ahora bien; del primer aspecto, nada queda después de la muerte; del segundo (nous o Manas), sólo su esencia divina, si quedó sin mancha, sobrevive; mientras que el tercero, además de ser inmortal, se convierte conscientemente en divino, por la asimilación de Manas superior. Pero, para mayor claridad, hemos de decir, ante todo, algunas palabras acerca de la Reencarnación.

PREG. Haréis bien, porque esa doctrina es la que vuestros enemigos combaten con mayor energía y empeño.

TEÓS. ¿Os referís a los espiritistas? Lo sé, y muchas son las objeciones absurdas, tejidas laboriosamente por ellos, que hallamos en las páginas de la revista Light (Luz). Tan groseros y malévolos son algunos, que nada los detiene. Últimamente encontró uno de ellos una contradicción, que discute gravemente en una carta dirigida a aquel periódico, en dos puntos sacados de las conferencias de Sinnet: Descubre en las dos
frases siguientes esta importante contradicción: “Los regresos prematuros a la vida terrestre, cuando así ocurre, pueden ser debidos a alguna complicación kármica…“; y “no existe accidente en el supremo acto de dirigir la justicia divina la evolución”. Tan profundo pensador encontraría seguramente una contradicción en la ley de la gravedad si un hombre extendiese la mano para impedir que una piedra, en su caída, le rompiese la cabeza a un niño.




30 Véase Doctrina Secreta, Vol. I, para una explicación más clara.